Quien critica al presidente es chayotero, quien algo le reconoce es chairo o “maromero”. Personas generalmente pensantes e inteligentes caen en este juego de simplismos y descalificaciones, de manipulación de datos, de tergiversación de lo dicho o lo escrito. Vivimos en un país en el que la neutralidad, la objetividad, la crítica mesurada son especies en riesgo de extinción. #Opinión de Gabriel Guerra